POR: RAÚL CRUZ MOLINA

(Quito, febrero 10).- A esa altura, a seis años de su arribo al club uruguayo había levantado tres Copas Libertadores y dos Copas Intercontinentales. Un fenómeno. Ya era el ‘Apóstol’ de las más grandes victorias ‘aurinegras’. Ecuador estaba en boca del mundo entero. Los goles de Spencer hacían flamear el estandarte tricolor en la geografía del fútbol mundial. Era nuestro más grande orgullo.

Fue la última de las hazañas de ‘Cabeza Mágica’ con la blusa de Peñarol, aunque su protagonismo nunca decayó. En 1967, los ‘aurinegros’ perdieron la corona de la Copa Libertadores que pasó a manos del ‘Racing de José’.

El equipo de Juan José Pizzuti, que había sido un notable goleador en la época de jugador y que luego como DT, también convirtió a la ‘Academia’ en el primer equipo argentino en conquistar la Copa Intercontinental con gol del ‘Chango’ Cárdenas en el desempate ante el Celtic de Glasgow en el Centenario de Montevideo.

En esa versión de la Copa Libertadores, Peñarol llegó hasta Semifinales y se quedó en el camino frente a Nacional, que terminó convirtiéndose en subcampeón. Alberto Pedro Spencer siguió goleando sin descanso, aumentando su registro de goles coperos que no tiene comparación.

‘Cabeza Mágica’ impulsó la coronación de Peñarol como campeón uruguayo en aquel 1967 en el que se proclamó también como máximo artillero por cuarta vez. Repitió la corona en 1968. Fue la última vuelta olímpica en el Centenario, como dueño del torneo ‘charrúa’.

En la Libertadores de ese mismo año condujo a Peñarol a Semifinales, porque sus goles seguían fluyendo como un manantial. Palmeiras lo dejó en el camino antes de perder la finalísma que fue ganada por primera vez por Estudiantes de La Plata.

En 1969, el once ‘Mirasol’ llegó otra vez hasta Semifinales y se cayó en el penúltimo escalón tras una lucha encarnizada ante Nacional, dilucidada en tres batallas, en las que también Alberto Spencer dijo presente en la red defendida por el arquero brasileño Manga, el golero de los dedos sinuosos. El Estudiantes de Osvaldo Juan Zubeldía y Carlos Salvador Bilardo dio cuenta de los ‘Bolsilludos’ y se empinó a la cumbre por segunda vez.

Esa Copa Libertadores del 69 permitió a la afición ecuatoriana, observar por penúltima vez a ‘Cabeza Mágica’ con la blusa de Peñarol. El sorteo colocó a los ‘aurinegros’ en el Grupo 4, junto a Nacional de Uruguay; Deportivo Quito y Barcelona de Ecuador.

Batalla campal en el Atahualpa

El 2 de marzo de 1969 es una fecha grabada a fuego en la memoria de los hinchas ‘azulgranas’. Aquel domingo, un sol radiante bañaba a la capital ecuatoriana. Un Estadio Atahualpa, repleto hasta la bandera, fue testigo del empate 1 a 1 entre Peñarol y D.Quito y también de un escándalo de inmensas proporciones, que derivó en un serio amague de linchamiento al árbitro colombiano Omar Delgado, que escamoteó un penal clarísimo al once quiteño.

El ‘Poeta’ Oscar Milber Barreto acarició la valla ‘aurinegra’ cerca del final del primer tiempo. Peñarol empató por acción de Pedro Virgilio Rocha, a los 20 minutos del complemento y D. Quito se lanzó como un vendaval en busca del arco de Mazurckiewicz. En ese trance se produjo una clarísima falta penal, que el referí Omar Delgado dejó sin sanción, pese a que el juez de línea, el venezolano Sergio Chechelev tenía levantada la banderola, pidiendo la pena máxima.

Fue la chispa que prendió la hoguera de violencia y de locura. Los espectadores se lanzaron a la cancha y el motín tomó cuerpo. Los hinchas enfurecidos que incendiaron varias motos y patrulleros, querían ‘comerse vivo’ al referí. Los jugadores ‘aurinegros’ estaban asustados. Alberto Spencer que había sido homenajeado antes de iniciar el partido, terminó temblando, porque la turba estaba enceguecida.

Ernesto Guerra, DT del once nacional condujo al árbitro y a los jugadores uruguayos hasta el vestuario local para alejarlos del peligro. En el camerino sur, el árbitro fue disfrazado de obrero, utilizando un mameluco que afortunadamente reposaba cerca a la puerta de Marathon. Solo así logró huir de la turba, escondido en la cajuela de un vehículo policial. Fue un susto grande que ‘Cabeza Mágica’ no se merecía.