No hay médico (entiéndase directiva) que cure a éste paciente llamado Barcelona. Sus males y dolencias empezaron tiempo atrás, los primeros síntomas se evidenciaron por el 2008 cuando el equipo de la millonaria inversión que presidieron Eduardo Maruri y Luis Noboa, no obtuvo los resultados deportivos esperados, generando una crisis administrativa, deportiva y económica, de la que jamás se pudo levantar. Fue el comienzo de un largo padecimiento que hasta ahora se mantiene, y que ni siquiera las estrellas 14, lograda bajo la presidencia de Antonio Noboa, ni la 15, alcanzada bajo el mandato de José Francisco Cevallos, pudieron aliviar.

Dos títulos reflejados en la historia y estadística de éste Barcelona, que por lo menos le permite a su hinchada decir con orgullo que su equipo es el más campeón del Ecuador, y el que jamás perdió la categoría. Pero sólo eso, una especie de brisa fresca en medio del sofocante calor que agobia a éste equipo que ha probado mil fórmulas para salir de su crisis, sin resultado positivo alguno. Al contrario, cada vez empeora.
Muchos lo han diagnosticado como un enfermo incurable. Pero hay quienes creen tener la medicina apropiada para mejorarlo y con un buen tratamiento, que incluye alta cirugía, devolverle la buena salud que tanta falta le hace.

El inicio de la deuda

En los últimos 12 años los problemas de Barcelona han sido una bola de nieve que conforme pasó el tiempo se fue haciendo cada vez más grande. Recuerdo en el 2008 al difunto ex-presidente Galo Roggiero, en una de sus últimas entrevistas como Presidente de Barcelona, haber ido a Canal Uno, al programa De Campeonato, con documentos en mano, para probarme con números, como dejaba su administración y como la asumían quienes lo sucedieron (Maruri-Noboa). Recuerdo perfectamente que hizo énfasis en un superávit de 900 mil dólares, y se enorgullecía por ello, porque no dejaba a Barcelona endeudado.

A partir de ahí la historia sufre un cambio, porque al fracaso deportivo del primer año de mandato del binomio Maruri-Noboa, empezaron a aparecer las primeras alertas de deudas, déficit y problemas de pago con acreedores. Fue el comienzo de una película cuyo final aún no se escribe, y que más bien ha ido agregando capítulo, tras capítulo hasta el 2019, una especie de serie de Netflix donde predomina la intriga, el suspenso y los malos negocios.

La estrella 14

Llegó Antonio Noboa en el 2012, cuyo símil con el otro ex-presidente José Cevallos, es que ambos ganaron un campeonato en su primer año de mandato, pero los tres restantes fueron negativos y deficientes, a punto tal que hoy se los recuerda más por los problemas que dejaron, antes que por la efímera alegría que le dieron a la hinchada más grande del país. Noboa armó un equipo de trabajo que con el paso del tiempo se fue desarmando hasta terminar con apenas un mínimo círculo de confianza.

Después de eso, Antonio Noboa se perdió en el anonimato y muy poco se sabe de él. Retirado por completo de la dirigencia y de la faz pública. La deuda que heredó Cevallos en octubre 2015 nunca se supo con exactitud a cuanto ascendía. Se habló entre 12 a 20 millones, un pasivo que aumentaba a medida que aparecían los acreedores nacionales e internacionales.

Sin registros, ni soportes que lo respalden, hubo que hacerles frente y resolverlos so pena de enfrentar juicios y demandas, que han sido el cáncer de las últimas administraciones amarillas, y de las que todavía no se ha librado, porque también serán rivales a vencer por parte de la nueva dirigencia que encabeza Carlos Alejandro Alfaro Moreno y los funcionarios que lo acompañan.

Cevallos-Alfaro y la estrella 15

Recuerdo el ascenso de la fórmula Cevallos-Alfaro al poder en octubre 2015. Sonrisas de optimismo por el reto asumido. Resolver problemas de pago internos y en FIFA fue una constante, y pese a ello se conformó un equipo competitivo y ganador, para el 2016, que bajo la conducción de Guillermo Almada logró un título con cifras récord y un nivel de juego para aplaudir y recordar.

Una muy buena Copa Libertadores 2017, pero la cruz que había que cargar por el aumento de deudas, demandas y negociaciones poco beneficiosas, nunca le dio respiro al directorio de Cevallos, que al igual que su antecesor Noboa, también vio como en el camino se fueron alejando sus colaboradores más cercanos, entre ellos el hoy presidente Alfaro Moreno y otros actuales miembros de su directorio.

El 2018 agravó la crisis económica de Barcelona y ya en el ambiente se hablaba de un déficit superior a los 35 millones de dólares, y las voces de críticas y acusaciones contra la administración de Cevallos provenían no solo de la prensa, sino también de la gente que tomó distancia con él, molestos por la forma de manejar y conducir al club.

Pifias de rechazo

La Asamblea 2019 terminó con pifias de rechazo a la gestión del ex-Presidente, porque su informe económico no convenció a nadie y fue reprobado por los socios. Y así se vino un año duro donde Barcelona tocó fondo en varios frentes y esto desgastó mucho más la imagen de Cevallos, quien junto con su entorno de confianza, tomaba las decisiones que requería Barcelona institución y Comisión de Fútbol.

El lío de la eliminación copera en el escritorio, las interminables deudas que afectaban el manejo del equipo, la renuncia de Almada, la llegada de Leonardo Ramos y su posterior salida con ventilador prendido, las molestias domésticas y plantel impago, derivaron en un coctel explosivo que lo dejó a Barcelona sumido en una crisis que parece no tener fondo, porque la nueva dirigencia que asumió hace poco también se queja del monto de la deuda heredada, y hablan de cifras terribles que superarían los 40 millones de dólares.

La peor administración de la historia

Pese a ello, la directiva que comanda Alfaro Moreno se tiene fe, para aliviar éste enfermo que no entra a etapa terminal sólo porque el amor de su pueblo y de su gente no lo permite. Barcelona es tan grande como las deudas que lo asfixian y buscará resurgir contra viento y marea. ¿Lo logrará?. Solo el tiempo lo dirá. Recuerdo que cuando llegó Noboa y se fue Maruri se dijo “esa era la peor presidencia de la historia de Barcelona”. Después se fue Noboa y llegó Cevallos y se dijo lo mismo, “que la administración de Antonio Noboa era la peor de la historia”. Hoy llegó Alfaro y se fue Cevallos, y escucho decir exactamente lo mismo. Un círculo vicioso de endosarse culpas ajenas, que ojalá Alfaro Moreno pueda romper.

No soy fiscal investigador, ni tribunal acusador. La presente nota no pretende ser inquisidora de nadie, sino reflejar hechos que están ahí y todos conocen. Tan solo refresqué la memoria. Del resto se encarga la historia, de ubicar a cada quien en el lugar que le corresponde.

Por: Carlos Víctor Morales

@CarlosVictorM