POR RAUL CRUZ MOLINA

(Quito, diciembre 24).- La espléndida chilena del paraguayo Cristian Colman sobre el final, que provocó la fenomenal estirada de Adrián Gabbarini, estuvo a milímetros de cambiar la historia de la Primera Final. Habría sido injusto, que Liga se vaya rumiando una derrota del ‘Monumental’, después de manejar con superioridad en lo táctico y en lo futbolístico, al local, que enredó su juego en la mitad de la cancha.

Pablo Repetto colocó en la formación abridora a los hombres que estaban enteros físicamente. Fue una acertada decisión. Dejó en la banca de emergentes a Franklin Guerra y Ezequiel Piovi, que llegaron al partido “entre algodones”. ‘Kunti’ Caicedo y Jordi Alcívar cumplieron a cabalidad. “Tenemos un plantel competitivo”, expresó el DT uruguayo al final del partido, extendiendo un crédito de confianza a los hombres que tienen menos cartel en su plantel, pero que deben saltar a la cancha, apurado por las emergencias. El rendimiento global le dio la razón, al menos en la ‘Primera chica’.

Liga estuvo más cerca de los palos adversarios y de la victoria. Sólido en el fondo, atrevido y tenaz en la mitad de la cancha, encontró en Johan Julio, un ‘torbellino’ que rotó por todo el frente de ataque, metiéndole veneno a sus llegadas. Una de sus explosivas incursiones terminó en la red de Javier Burrai, al borde del cierre de la primera fracción. Fue el premio a su voracidad y carácter para enfrentar partidos a ‘finish’. No todos pueden jugar las finales con el acelerador a fondo. Johan tiene esa virtud.

A los 5 minutos del complemento, Jonathan Alves embocó, doblegando a Gabbarini, ‘gatillando’ con precisión entre un ‘bosque de piernas’. Tuvo la virtud de aplacar la ansiedad y el nerviosismo, de un equipo que perdía el combate en la mitad de la cancha. La solidez colectiva nunca apareció en el once del ‘Toro’ Bustos.

Liga perdió brillantes oportunidades. La obligación de ganar hizo estragos en el ‘cuadro amarillo’. Damián Díaz no encontró los espacios. Su brújula ofensiva no gravitó. Liga le tendió un cerco, patrullándole con extremo celo y sin distracciones. Así quedaron sin flujo de juego, los laterales y los volantes externos. Me refiero a Pedro Pablo Velasco, Bryan Castillo, Mario Pineida y Enmanuel Martinez. Sin aire por afuera, las maniobras de Barcelona se extinguieron.  

El balance dice, que el ‘once amarillo’ no tuvo el arrojo ni la capacidad para ‘jugar con fuego’. Para correr riesgos y construir una victoria que le permita ir con tranquilidad al choque de vuelta, el próximo martes en ‘Casa Blanca’. Está claro que la llave quedó abierta. Que es un ‘partido de 180 minutos’ y que falta que corra mucha agua, bajo el ‘puente de la consagración’. Seguramente, los papeles van a cambiar en Ponceano. Liga irá al ataque con ferocidad. Con todos los juguetes. Apelando a los desbordes. A las excursiones hasta el fondo de la cancha con Pedro Pablo Perlaza y Cristian Cruz. Johan Julio se ‘disfrazará de turbo’ y Martínez Borja tendrá que meterla. Ahí está el enigma. Al goleador del campeonato se le trabó la bazuka.

No creo que ‘El Toro’ Bustos se arriesgue a buscar el empate a rajatabla y a forzar la definición desde los ‘11 metros’. Ya se jugó esa carta, la temporada pasada con Delfín y le sonrió la victoria. Sólo que esta vez, la grandeza de Barcelona obliga a tomar otros caminos. ‘La ruleta rusa de los penales’ es un albur. Los hombres de Repetto no van a correrse semejante riesgo. Aún está fresco el inmenso dolor de la final perdida en el 2019. Pedro Ortiz atajó los lanzamientos de Antonio Valencia, José Ayoví y Martínez Borja. ‘Kunti’ Caicedo la tiró afuera. Fue una desgracia para el ‘Pueblo blanco’.

Fabián Bustos tiene la oportunidad de convertirse en el segundo DT que gana el cetro a temporada seguida, dirigiendo a dos equipos distintos. El argentino Mariano Larraz es el único en conquistar ese logro. Lo hizo conduciendo a Emelec en 1961 y a Everest en 1962. La misión no es simple, porque Pablo Repetto quiere jugarse todas las fichas a conquistar su segunda estrella, conduciendo a la ‘U’.

El uruguayo está en la tercera final consecutiva. Ganó la del 2018. Liga dio la vuelta olímpica tras vencer a Emelec por 1 a 0, en el ‘Rodrigo Paz Delgado’ con un riflazo imparable de Johan Julio. En el 2019 no pudo repetir la corona. El próximo martes podría colocar otra estrella en su valiosa carrera en el balompié ecuatoriano. Los hinchas albos de ‘paladar negro’ no comulgan con su tipo de juego, pero el ‘Kojak uruguayo los fulmina jugando finales. Es un DT rentable. No me queda ninguna duda. Por encima de no respetar el ADN futbolístico que tanto reclama la exigente ‘hinchada blanca’. Barcelona salió ileso. No sé si podrá salvar la vida el 29, en la altura de Quito. Esperan 90 minutos para el infarto.