Por Raúl Cruz Molina

(Quito, diciembre 8).- Los fantasmas de la gloria que adornan el estandarte de El Nacional, acechan más cada día. Todo ese brillo que la entidad militar conquistó en las canchas del país, hoy es un torturante recuerdo. Tantas jornadas magistrales, 13 vueltas olímpicas, jugadores de primer nivel, goles maravillosos, triunfos inolvidables, ahora solamente reposan en la golpeada memoria de los hinchas del club militar.

Aquellos que bordeamos los 60 años y unas vueltas más, tuvimos la inmensa fortuna de deleitarnos con el juego demoledor de la ‘Maquina Gris’, un torbellino de fútbol, que tuvo la inmensa virtud de terminar con el dominio implacable de Barcelona y Emelec en la primera década de los campeonatos ecuatorianos. Aparecían los ‘Puros criollos’, un equipo espectacular conducido por el ‘Viejo’ Vesilio Bártoli, un DT italiano de riguroso carácter y gran capacidad, que había desembarcado en estas tierras para dirigir a Universidad Católica.

Apenas habían transcurrido tres años desde la aparición de El Nacional en el balompié profesional. Corrían los días de 1967. La hinchada creció como por encanto. Las gradas del Atahualpa se llenaban para ver a esa aplanadora de fútbol, rápida y electrizante para llegar a la red. Asentada en la sobriedad de la ‘Muralla Negra´, integrada por Horacio Prado, Roosvelt Castillo, Eulogio Quinteros y Atilio Alcívar. En la solvencia e inteligencia de Luis Gonzalo Benavídez, que regulaba el trabajo en la mitad de la cancha. En la velocidad de rayo del ‘Palillo’ Simón Bolívar Rangel, las maniobras mágicas de Santiago ‘Motorcito’ Cheme y la infalible definición de Tom Eugenio Rodríguez. Cerebral en su juego. Sensacional para colocar la pelota en el arco adversario con su chanfle mortífero. Con la ejecución perfecta de la ‘hoja seca’, ese tiro genial que inventó el brasileño Didí.     

Fue la primera vuelta olímpica. La primera gran emoción. El primer salto al ambiente continental para representar al país en la Libertadores. En la Copa le faltó una pizca de fortuna. Desbancó a la ‘U’ y a Universidad Católica de Chile con sendos triunfos como local, con auténticos golazos de ‘folha seca’ de Tom Rodríguez. La pelota parecía que iba a volar a las nubes, pero de pronto bajaba y como un rayo se metía en la red.

Un tiro libre de Jaime Delgado Mena, puntero derecho de Emelec lo dejó fuera de la Segunda Fase en un domingo fatal. El que ganaba iba a Semifinales. Un diluvio tremendo caía en la capital. Con granizada incluida. Delgado Mena le pegó abajo. La pelota traspasó la barrera y patinó en el piso, convertido en lodazal en el área del ‘Gato’ Fernando Maldonado, que no pudo controlar ese esférico que como una víbora herida se metió en la red. No fue una frustración. Fue el punto de arranque de las múltiples satisfacciones que vendrían con el paso de los años.

Por las filas del club militar desfilaron los más grandes jugadores del país. Arqueros como Carlos Delgado, Milton Rodríguez y el ‘Gato’ Eduardo Méndez, por citar a los más importantes. Para mi gusto, ‘El Bacán’ fue el mejor de todos. También fue por muchos años, el dueño del arco de la Selección. Era parrandero, chocaba vidrios y bailaba como un trompo en los night clubs del sur capitalino durante la semana, pero en los partidos volaba a de palo a palo. Lucía inmensas cadenas de oro y llegaba a los estadios, con un inmenso equipo de sonido portátil para inundar los vestuarios con el infernal ritmo de salsa que tanto le fascinaba.

Los zagueros centrales que tuvo El Nacional son de novela. ‘El Negro’ Miguel Pérez encabeza mi lista. Sobrio, espectacular, recio y de buena técnica, también lució su juego en Barcelona, junto a ese uruguayo con perfiles de crack que fue Edison ‘Cacho’ Saldivia. Y están Eulogio Quinteros, Roosvelt Castillo, Carlos Campoverde, Rodrigo Velarde, Eduardo Enríquez, Manuel Sweet, Wilson Armas y algunos más.

Laterales como Flavio Perlaza. ‘El Fantasma’ fue uno de los mejores marcadores derechos de todos los tiempos. Luis ‘Cococho’ Escalante. Un ‘pan de dulce’ como persona y un notable lateral izquierdo. Como olvidar al desparecido Hans Maldonado, que era un ovni volando por la franja zurda y lanzando misiles que rompían los arcos.

Mediocampistas de la talla de José Voltaire Villafuerte. ‘Cielito’ fue el más grande. Un ‘10’ de maravilla que preparaba jugadas y marcaba goles a granel. Un crack con todas las letras. Cómo olvidar a ‘Chicho’ Benavídez. Menudo, pero con una técnica depurada. A Carlitos Ron, el ‘hombre de los cinco pulmones’. Un guerrero incontrolable, que corría la cancha sin cesar durante los 90 minutos. Un soldado que era capaz de morir acalambrado dentro del rectángulo. A José Jacinto Vega, dueño de gran personalidad, juego fluido, buena técnica y un disparo mortífero que explotaba en la red.

Nunca olvido ese gol de tiro libre de ‘Jota Jota’ en la Copa América 83 frente al combinado argentino. Los rioplatenses ganaban 2 a 1 en Quito y se acercaba el final del partido. El juez colombiano Gilberto Aristízabal decretó un tiro libre. Vega se paró frente a la pelota y le pegó un ‘fierrazo’ infernal. Empate en una noche halagadora, frente al equipo que años más tarde sería campeón del mundo en México 86.

Y qué decir de los delanteros. De cañoneros como Ermen Benítez, el ‘9’ que más goles ha marcado en la historia de los campeonatos nacionales. Fausto ‘El Camión’ Correa, un lujo de artillero. Un tráiler que arrasaba en los últimos metros, pero que también era capaz de levantar su monolítica humanidad en el área para meter ‘goles de chilena’, como aquel que introdujo en el arco de Barcelona en la finalísima del 78. Un gol para toda la vida. El gol de la década. Una pintura de fútbol. 

Acepto, se quedan muchos nombres en el candelero. Es imposible englobar a todos. Y no es un acto movido por la injusticia. Los planteles de El Nacional eran un lujo. Del 2007 a esta parte, aterrizó la época de las ‘vacas flacas’, que se ha ido convirtiendo en una era traumática. Lo muestra esta plantilla 2020, rellenada con una legión de jugadores que ya fueron ‘jubilados’ por sus anteriores clubes. No hay dinero, no hay estructura, no existe planificación, es un club con normas caducas, con muchos enemigos, que como francotiradores están apostados para disparar críticas a mansalva, sin ofrecer ninguna solución viable.

El Nacional ya pisa el pantano del descenso. No tiene plantel. A esta hora tampoco tiene director técnico. Despidieron a ‘Kinito’ Méndez. Hablaron con el argentino Marcelo Zuleta, pero metieron reversa a última hora. No se los ocurrió mejor idea, que colocar el equipo en las manos de José Voltaire Villafuerte y Perdomo Véliz Jare, que trabajan en la conducción de las Divisiones Formativas. Los lanzan sin remordimientos a la ‘jaula de los leones’. No se les ocurra decir, que ellos fueron los que llevaron al club a la Serie ‘B’. Lo digo, porque interpreto que la intención es amainar el diluvio de críticas, colocando en el fuego a dos personajes históricos. Deben aceptar, que El Nacional actual es una triste caricatura. Casi una chatarra futbolística.