POR RÁUL CRUZ MOLINA

(Quito, diciembre 19).- Apenas 20 meses necesitó Miguel Ángel Ramírez para subirse a la escalera del éxito. La ‘sorpresiva huida’ para conducir a Emelec, de su compatriota Ismael Rescalvo en pleno torneo 2019, dejó abierta una puerta para el joven DT ibérico, que en esos tiempos comandaba el proficuo trabajo de las Divisiones Formativas. El mundo pareció derrumbarse en el seno de Independiente del Valle. Con Rescalvo en el timón, el once de Sangolquí exhibía destellos de un juego diferente. Por eso, Nassib Neme no se perturbó para llevarlo a filas eléctricas.

Michel Deller y su ‘celosa guardia pretoriana’, absorbieron el duro golpe y tomaron una decisión valiente y hasta suicida. Confluyeron que Ramírez era el hombre adecuado para retomar el camino. Era una apuesta con inmensos riesgos. Hasta ese momento, Miguel Ángel no registraba experiencia en la conducción de planteles de Primera División. El corazón de su trabajo se había centrado en formar a las jóvenes promesas.

Su arribo a la conducción de la Primera de Independiente fue un ‘boom’ desde el arranque. Implantó un juego abierto, equilibrado, profundo, electrizante y letal en los últimos metros de la cancha. Era un deleite, gozar de ese fútbol renovador, guiado desde la mitad de la cancha, por el enorme talento del argentino Cristian Pellerano, un volante maduro y corpulento que repartía con sabia inteligencia los arranques de una vanguardia que jugaba a mil por hora. Pellerano, el invaluable capitán de los ‘Rayados’ lanzaba los ‘cohetes’, demostrando que la sapiencia es tan o más valiosa que la velocidad física.

La Copa Sudamericana 2019 fue el gran trampolín para Ramírez, que rozaba los 35 años de edad. 10 de ellos, ocupados en conducir los viveros de Unión Deportiva Las Palmas y luego en Qatar, antes de aterrizar en Quito, que en corto lapso se transformaría en la ‘Tierra prometida’. Cuando el ingrato recuerdo de Rescalvo pasó a mejor vida, Independiente del Valle se encumbraba en la Sudamericana con alta dosis de autoridad. Fue limpiando a rivales de fuste hasta llegar a la finalísima, jugada el 9 de noviembre de 2019 en el Estadio ‘General Pablo Rojas’ de Asunción del Paraguay.

Aquella tarde, en medio de un espantoso diluvio, aplastó a Colón de Santa Fe, que estuvo acompañado por 40 mil ‘hinchas sabaleros’ que llegaron a suelo guaraní por todas las vías. Apenas un puñado de parciales del equipo sangolquileño, vitorearon un triunfo sensacional. Una joya de partido. Un juego demoledor que encandiló a toda Sudamérica. Y abrió los ojos de los dirigentes de varios clubes importantes, que anotaron en sus agendas, el nombre de Miguel Ángel Ramírez, un DT con perfiles distintos. Un estratega ambicioso, audaz, innovador. Atrevido hasta las últimas consecuencias. Ganador de alma, en estos tiempos de esquemas amarretes y resultadistas, casi con bofia para ir al ataque. El español se trepó en la cresta de la ola. Se zambulló en las aguas incomparables del triunfo.

Los ganadores siempre están en la mira. Y ‘El Míster’, así lo conocían desde sus tiempos de entrenador imberbe, en la bella Las Palmas, no es la excepción. Internacional de Porto Alegre lo acaba de reclutar. Es la oportunidad profesional de su ascendente vida profesional, tras la raya de cal. El club de Río Grande Do Sul no es cualquier institución. Está cargado de historia y grandes trofeos. Es un reto inmenso. Una vitrina excepcional. Miguel Ángel se despidió el viernes. Lloró. Cerraba una etapa de profundos afectos, endulzada por el éxito. Lloró reflejando sus nobles sentimientos de hombre agradecido. Deja una huella profunda. Es el DT más productivo que hasta ahora caminó por los pasillos del sobrio Complejo del Club en Chillo Jijón. Lo van a extrañar. Los técnicos como ‘El Míster’ tienen una característica especial. Trabajan en la formación de los nuevos valores, tienen la valentía de ponerlos en el plantel de Primera y guiarlos a su consagración.

Los entrenadores valen, no solamente por los títulos. Se dimensionan más, por los montos de transferencias que dejan en las arcas de los clubes. Ramírez se va dejando algunos millones. Y conste, que hay que sumarle, el botín maravilloso que llegará pronto por la salida de Moisés Caicedo, la ‘última perla’ de nuestro balompié. Una perla que él ayudó a cosechar, con esa prédica de mirar el arco adversario, sin recelos. Es el ‘Apóstol’ del juego electrizante.