Mario Canessa Oneto

(Guayaquil, septiembre 4).- Un sentimiento que no cambia con el transcurso de los años es la ilusión de que nuestra Selección asista a la fiesta más grande del fútbol. La esperanza, algunas veces con fundamentos y otras no, siempre ha alimentado al aficionado ecuatoriano, entrándose de eliminatorias a un Mundial. Esa esperanza nos ha solido cegar respecto a la realidad y aquello sucedió en 1981, cuando nos correspondió jugar la clasificación al Mundial España 1982.

Por el formato nos tocó la llave con Chile y Paraguay la prensa tenía optimismo porque existían, por esa época, jugadores de buen nivel como para dar dura pelea y tratar de ir por primera vez a un Mundial. Distante estaba ya 1965, cuando fuimos perjudicados abiertamente por la mafia organizada de la FIFA, que quiso ser recíproca con la dirigencia chilena, que les dispensó grandes atenciones cuando ese país fue sede de la Copa del Mundo de 1962. Así se nos privó de asistir al de Inglaterra 1966.

Las eliminatorias al Mundial de México 1970 fueron un fracaso anunciado para Ecuador. Algunos futbolistas no tenían categoría. Se hizo una mezcla de seleccionados de premundiales previos que estaban en pleno declive, y jóvenes que aunque lucían en el plano doméstico, pero su nivel internacional no llenaba las expectativas. Además, esa participación se manchó de vergüenza cuando nuestro DT, el brasileño Gomes Nogueira, elaboró un informe crudo que desnudó actos de indisciplina cometidos por varios seleccionados involucrados en borracheras y sucesos inmorales en hoteles de concentración. La desilusión llegó nuevamente y el aficionado vio otra oportunidad perdida de ir a un Mundial.

Rumbo a Alemania 1974 también hubo ilusión luego de jugarse con éxito una gran cantidad de partidos de preparación, pero no fue así en los encuentros eliminatorios. Hubo un comienzo auspicioso con un empate con Colombia en Bogotá y después la debacle: goleada de Uruguay, en Montevideo, y se esfumó el sueño.

Para el Mundial de Argentina 1978 nuevamente la afición anhelaba concretar la esperada clasificación, pero volvió a ser un fracaso. Perú nos bailó, Chile nos goleó en Santiago y nos ganó en Guayaquil, solo se empató de local un partido. Aquella fue declarada una de las más desastrosas actuaciones internacionales de la Selección. Fue tal la de desazón en el país que los hinchas se alejaron de los estadios en el campeonato como protesta por el bajo rendimiento de la Tricolor.

Las eliminatorias de España 1982 encendió una nueva llama que iluminaba la ilusión. Antes de los juegos preparatorios hubo una novedad: qué DT debería dirigir a la Selección. Se quiso contratar a Roberto Saporiti, pero increíblemente la dirigencia de la Sierra mostró inconformidad y el argentino prefirió no aceptar la propuesta. Luego se pensó en Alberto Spencer y también en Ernesto Guerra, pero sin éxito. Se escogió a Miguel Ubaldo Ignomiriello, que duró pocos meses porque la prensa identificó que él era muy bueno para el desarrollo de categorías inferiores, pero no para un equipo nacional de mayores.

Entusiasmados por el éxito que había tenido Otto Vieira, que obtuvo con Barcelona el título de 1980, luego de una sequía de nueve años, se designó al brasileño para que dirija a Ecuador, pero apenas duró en el cargo tres partidos, porque el último que dirigió fue un amistoso en Quito contra Brasil en febrero de 1981. Luego se conoció que Telé Santana, técnico auriverde, le solicitó a Vieira que ponga un conjunto liviano en la altura para tomarlo como preparación para visitar a Bolivia, que aún tenía opción de clasificar. Ecuador, disminuido en su alineación, fue goleado en forma vergonzante 6-0. El resultado y el planteo de Vieira hicieron que la dirigencia le pida la renuncia. Se nombró al apuro a Juan Eduardo Hohberg.

El 17 de mayo de 1981 cerca de 52.000 espectadores colmaron el estadio Modelo Guayaquil para el primer partido de las eliminatorias a España 1982, ante el fuerte cuadro de Paraguay. Los guaraníes trajeron grandes jugadores; algunos lucían en el Viejo Continente, como Carlos Diarte y era su estrella Julio César Romero, por lo que eran favoritos. Ecuador no defraudó. El sistema defensivo tuvo un desempeño brillante y destacaron, en especial, Carlo Bacán Delgado, que tapó hasta al viento; y el magistral aporte de Flavio Perlaza. Ofensivamente sobresalieron José Villafuerte, Mario Tenorio y Wilson Nieves.

El gol de Ecuador se marcó al inicio del segundo tiempo (49 minutos). El recién ingresado Orly Zapatón Klínger recibió un corto rechazo del defensa Torales y sin pensar dos veces giró y de media vuelta el esmeraldeño metió el zapato talla número 48 para con un remate rasante, a la esquina derecha del arquero Ever Almeida, inflar la red. Con emoción todo un estadio celebró a rabiar aquel gol que dio el triunfo ante la fuerte Albirroja. Klínger prendió la fe en todo Ecuador ya que si a la semana siguiente se le ganaba a Chile estaba casi lista la clasificación. Lamentablemente el 24 de mayo de 1981 se igualó sin goles con la Roja, en el Modelo. Ese día sucedió un hecho inesperado: la tragedia aérea que hizo perder la vida de Jaime Roldós, presidente de la República. La noticia se conoció en el estadio en el intermedio del partido. Las autoridades de Conmebol obligaron que se jugara alegando que si Ecuador no salía al segundo tiempo sería sancionado por la FIFA y eliminado. La Selección, consternada, salió a la cancha, pero ya no fue el mismo equipo y el resultado final fue 0-0.

Pero como héroe contra Paraguay quedó el Zapatón Klínger, uno de los mejores defensas centrales de la historia de nuestro fútbol. Su vida se complicó y el alcoholismo se adueñó de su voluntad. Pocos supieron la razón del porqué se entregó a esa vida disipada. Le dijeron parrandero, pero él guardaba silencio. Tenía un gran dolor porque en 1991 su querida hija Anita, de 15 años, pereció ahogada en la playa del Murciélago (Manta) al intentar salvar a su hermano Ramón, de 7 años, que luchaba por no hundirse en el fondo del mar. Perdió la vida Anita y Orly, por tristeza y nostalgia, se ahogó en el alcohol. Se retiró y no le dio opción alguna a la vida. Se escondió en los bares más lejanos para que nadie lo encontrara. Luego se supo que vivía de manejar taxis.

Él se olvidó por mucho tiempo de sus recuerdos, pero quienes siempre nos ilusionamos con la Selección nunca olvidaremos el 17 de mayo de 1981, cuando el recordado Zapatón Klínger nos llenó de esperanzas de ir a un Mundial. (O)