El doping es una pieza que no encaja en la estructura del deporte, su práctica es contraria a la ética y lealtad deportiva, destruye los beneficios que tradicionalmente se han buscado en el deporte, si uno de los objetivos de la actividad deportiva es un desarrollo integral en la libertad y la dignidad, cuando aparece el doping, se anula este propósito y el deportista se convierte en un objeto al que se utiliza y se manipula, en un instrumento mediante el cual se persigue objetivos menos altruistas que los inherentes a la práctica del deporte, en un máquina que hay que amortizar en un breve plazo y que tiene que rendir al máximo.

El doping es deshonesto porque contradice la finalidad prioritaria del deporte, que es conseguir una mejor salud: Física, mental y social. También disminuye el carácter lúdico del deporte ya que el deportista al doparse subordina todos sus objetivos, contraviene el principio esencial de la justicia y equidad, introduce la mentira y el engaño y destruye la confianza que tan necesaria resulta en una actividad social que ha de ser auténtica.

El doping es potencialmente peligroso para la salud, sobrepasa sus límites fisiológicos, ocasiona dependencia y hábito al uso de las drogas.

También puede desencadenar violencia en el deporte porque algunas drogas aumentan la agresividad y el resultado puede ser el ataque o agresión corporal a compañeros o contrincantes. Además, hay que agregar la auto agresión que se provoca el deportista así mismo al doparse, daños psicofísicos que pueden ser irreversibles.

Por: Dr. Tyrone Flores Pavón

@DrTyroneFlores