POR: RAÚL CRUZ MOLINA

(Quito, diciembre 10).- La interna en El Nacional está que arde. Los momentos previos al choque ante Aucas fueron infernales. Édison ‘Kinito’ Méndez, en esas horas DT del club militar fue retirado del timón, según la presidenta de la institución, Lucía Vallecilla, ‘por promover la ingesta de bebidas alcohólicas’ en un asado programado por el cuerpo técnico y los jugadores, al que asistieron algunos representantes de futbolistas.

La bomba explotó en las primeras horas del martes. En la madrugada, la directiva o mejor dicho, Lucía Vallecilla había decidido ‘decapitar’ a Méndez y cerrar la llegada del DT argentino Marcelo Zuleta, que ya había cumplido esas funciones en la entidad militar. Zuleta se presentó puntualmente en el Complejo de Tumbaco, pero no le permitieron ingresar, porque la doctora, en un suspiro, había determinado cambiar los planes y nombrar de urgencia a José Voltaire Villafuerte, histórico personaje que trabaja en las Divisiones Formativas para que ‘agarre ese hierro candente’ en un instante muy delicado y con el fantasma del descenso, mirándoles a los ojos. Pepe aceptó. Le ganó el corazón y el amor por su club de toda la vida.

Ayer, antes del choque ante Aucas que terminó empatado 2 a 2, ‘Kinito’ saltó como leche hervida, emitiendo un comunicado público en el que desmiente la inculpación sin anestesia de Vallecilla, agregando que entró en conflicto con la doctora, ‘porque el lunes en la reunión de la Comisión de Fútbol, ella le solicitó abiertamente que realice cambios en la formación’, tema que Méndez interpretó como era lógico, como una clara invasión de funciones.

Esa fue la piedra del escándalo. Nadie imaginaba, que la titular de la entidad, al día siguiente declarara que Méndez estaba fuera por promover el consumo de alcohol. ¨Bebieron tres jabas de cerveza¨, puntualizó Vallecilla. Alguien nos miente. ‘Kinito’ se respalda en su correcto proceder en una larga carrera de 20 años como futbolista. Eso es verdad. Méndez fue un jugador difícil en el trato, tenía poses de divo, pero nunca se supo en su paso por los más importantes clubes del país, entre los que se cuentan, Deportivo Quito, Liga, Emelec, El Nacional y en el exterior, Irapuato, Santos Laguna, PSV de Holanda, Atlético Mineiro y Santa Fe de Bogotá, que haya cometido faltas disciplinarias.

El novel técnico, que cerró su brillante trayectoria como jugador activo en El Nacional en 2015, registró roces con el DT y fue relegado a trabajar con la Reserva, porque se creía con derecho a jugar siempre como titular. Méndez no terminaba de aceptar que sus mejoras horas en el fútbol ya se habían consumido. Al terminar el año, entendió que el ocaso golpeaba sus puertas y colgó los botines.

El DT imbabureño no digiere el trato descortés de Vallecilla, justo en el arranque de su carrera detrás de la raya de cal. Interpreta que busca desacreditarlo con picantes mentiras, que buscará descargarlas reclamando los desafueros por la vía legal. La titular de El Nacional no ha vuelto a referirse al caótico asunto. Guarda absoluto silencio. Sus pares dirigentes, también.

Corre en contra de la ‘dama de hierro’ los múltiples roces que ha tenido desde su asunción como titular del club militar. Problemas con la plana administrativa y con ciertos jugadores, adornan su estancia en la butaca mayor. Basta recordar, su abierto conflicto con el golero Johan Padilla. Tras un ida y vuelta con fuegos pirotécnicos, el golero se marchó al Delfín de Manta. También lo había hecho Máximo Banguera, que se retiró en paz, porque tenía una relación pacífica con la polémica presidenta del club.

Es preciso señalar, con referencia a la plana administrativa, que la intención de Lucía Vallecilla fue reducir la nómina, que en honor a la verdad estaba inflada y no era necesaria. Muchos personajes estaban enquistados en el club desde hace muchos años y no querían ‘aflojar el biberón’, pese a que era evidente que les inventaban funciones para mantenerlos en la nómina y otros, no cumplían la tarea a cabalidad.

Iniciar esa batalla, necesaria para ir saneando la tambaleante economía del club, le trajo una ola de enemigos. Los fondos ya no daban para seguir manteniendo a ‘varios pipones’, que respaldaban su estancia por la larga data de permanencia y por las fuertes indemnizaciones que tendrían que entregarles por su despido. No sé al detalle, como se resolvió ese delicado conflicto, pero en este rubro, Lucía Vallecilla actuó con la razón en la mano. Perdido el apoyo obligatorio de las Fuerzas Armadas, el asunto era insoluble. Anteriores administraciones miraron para otro lado y no quisieron entrar en conflicto con ese ‘grupo de becados’.

El Nacional está en terapia intensiva. El descenso era cuestión de tiempo. Ya pasó la temporada pasada. Se salvó por esos ‘inventos malolientes’, que ponen en el tapete nuestros dirigentes. Los errores se pagan, tarde o temprano. ‘Kinito’ sabía que era una misión complicada, que lo más probable era que termine flagelado. Y, sin embargo, se montó en el potro, por esa desesperación que tienen los técnicos ecuatorianos de encontrar una posibilidad de trabajo. Lucía Vallecilla, ahora sabe, que en el fútbol, la experiencia no es un accidente. Qué le ganó la vanidad. Hizo grandes planes mentales, que no tenían sustento real. Pepe Villafuerte le pone el ‘pecho a las balas’ en estos últimos cuatro partidos. Le quedan tres para provocar un milagro. Qué pena, que a nuestras grandes figuras, les coloquen sin asco en el paredón. Los usan como bomberos para apagar incendios que son incontrolables.

Pepe, seguramente te veré llorar, el día que se baje el martillo de este campeonato y observes como se desploma un castillo de gloria, que otros grandes jugadores y tú, que vistieron la sagrada blusa de El Nacional, construyeron con amor y calidad.

Por ahora, El Nacional es un infierno. Un auténtico manicomio. Punto y aparte.