POR RAÚL CRUZ MOLINA

(Quito, diciembre 27).- Han pasado seis largas décadas desde la primera corona obtenida por Barcelona en la historia de los campeonatos nacionales, que arrancaron en 1957. Emelec fue el dueño del primer trofeo. Agrias diferencias entre los dirigentes de Guayas y Pichincha, que por esos años mantenían una lucha encarnizada determinó la paralización. El ‘humo blanco de la concordia’ apareció en 1960 y Barcelona saltó a la palestra, ciñéndose la corona por primera vez. Fue la semilla de la estela triunfalista que lo acompaña y los primeros brotes de la idolatría que crecería con el paso de los años hasta límites insospechados.

El 27 de noviembre de 1960 doblegó al viejo y glorioso España por 4 goles a 2 en el ‘Estadio El Ejido’, también conocido como ‘El Arbolito’, una joya enclavada en el corazón capitalino, demolida después sin remordimientos por las autoridades municipales de turno, que nunca respetan los monumentos deportivos. Dos dobletes, uno de Enrique ‘Pajarito Cantos y el otro de Mario Cordero, permitieron la primera vuelta olímpica en cancha ajena. El DT uruguayo Julio Kellman manejó una plantilla integrada exclusivamente por jugadores nacionales y fabricó el primer golpe.

Cantos fue la gran figura de aquel Barcelona, que se metía aceleradamente en el corazón de la gente. Era livianito y relativamente pequeño. Pesaba 117 libras y medía 1.60 m. Era un ‘pajarito’. Tenía todo: habilidad, astucia, picardía, talento y gol. Fue la primera gran estrella que mostró el ‘equipo amarillo’ en los torneos ecuatorianos.

Fue su símbolo. Llegó al Ídolo en 1947, procedente del Panamá, al que se había enrolado cuando tenía 15 años. El periodismo de aquella época, siempre reconoció que fue Enrique Cantos, el hombre que llevó de la mano al ‘club canario’ para coronarse campeón del Ecuador por primera vez. En Barcelona formó parte de grandes delanteras. Especialmente aquella que integró en 1950, junto a Rodríguez, Sigifredo Chuchuca, ‘Pelusa’ Vargas y Andrade que ganó el último torneo amateur que se jugó en Guayaquil. Y en 1955 fue pieza clave para ganar el primer título de la era profesional que se instauró en Guayas.

‘Pajarito’ voló 14 años por las canchas del país, defendiendo la ‘blusa amarilla’. La primera victoria ‘canaria’ en condición de visitante, conseguida el 3 de noviembre de 1960, al doblegar al Macará por 1 a 0 en el Estadio ‘El Arbolito’ fue con ese solitario gol que nació de los botines explosivos de Cantos. Se retiró del fútbol en 1961, en la Copa Libertadores de América, escribiendo la primera aparición de un equipo ecuatoriano en el máximo evento sudamericano de clubes. Por esos logros, nadie puede dudar que Enrique Cantos fue el primer gran ‘prócer torero’ de la era profesional. A los 71 años, el 19 de febrero de 1996 se despidió de este mundo, el ‘ave goleadora’ que hizo de ‘la bicicleta’, un arma infalible para esquivar a los rivales.

Unir esta primera clarinada de éxito de Barcelona con las otras 14 estrellas que ha conquistado, es transitar por un mundo mágico, lleno de jornadas maravillosas y personajes de ensueño. Damián Díaz es uno de ellos. Acaso el ‘último mohicano’, en estos tiempos de ‘vacas flacas’ y ‘arcas desfondadas’. El ‘10’ rosarino es dueño de la ‘varita mágica’. Lo prueban sus números. En el 2012, año de su pletórico debut en ‘filas amarrillas’, conquistó el título, enterrando 15 años de continuas decepciones, entre la que se registra un milagroso escape del descenso. ‘Kitu’ llegó y ‘la rompió’, como lo había hecho dos años antes con la blusa de Universidad Católica de Chile, dejando un recuerdo de sus prodigios en la cancha.

Pícaro, díscolo, borrascoso, polémico, pero incontenible con la pelota en su pie izquierdo, Damián muestra en la cancha, la dosis de juego y el ‘manual de mañas’ que aprendió en el potrero. Es un gran jugador. Su nombre está emparentado con los escasos días gloriosos de Barcelona en la última década. Fue el ‘as’ del equipo conducido por Gustavo Costas en el 2012. Regaló tiros libres de novela, goles de chilena, pases por el ‘ojo de una aguja’ y un espíritu avasallador y ganador. Un ‘capo’ dentro del rectángulo.

Repitió en el 2016, tras tres temporadas en el Al Wahda de Emiratos Árabes, al que se marchó para engrosar su cuenta bancaria. Volvió a ser el conductor cerebral y goleador, en el plantel que manejó el DT uruguayo Guillermo Almada y dio otra vuelta olímpica. La décimo quinta de Barcelona, abasteciendo las incursiones del ariete uruguayo Jonathan Alvez, que hizo fiesta en los arcos adversarios.       

El ídolo está obsesionado con la conquista del título número 16 para seguir liderando el cuadro de campeones. El ‘teatro de los sueños’ ahora está instalado en Ponceano. En ‘Casa Blanca’, un reducto embrujado, en el que no ha podido conquistar la victoria en 23 años. Seis veces antes, el ‘once amarillo’ se apoderó de las coronas en suelo capitalino. Es una referencia estadística, que el equipo del ‘Toro’ Bustos quiere ampliar. Aparte de romper el maleficio que le persigue en el hermoso estadio ‘albo’.

No es una misión cualquiera. Por las fortalezas que exhibe el rival, que accede a su tercera final consecutiva. ¿Será capaz Damián Díaz de meterse para siempre en la pródiga historia ‘canaria’, vulnerando la ‘virginidad blanca’, terminando con el invicto y dando la vuelta olímpica? Un nuevo título ‘torero’ en campo capitalino, uniría en el tiempo, al inolvidable ‘Pajarito Cantos, el ‘primer héroe’ y al ‘Kitu’ Díaz, el ‘símbolo mayor’ de estas horas turbulentas. El país ya vive el duelo final.