POR RAÚL CRUZ MOLINA

(Quito, diciembre 21).- No me extrañó el inofensivo juego entre Católica y Barcelona. El empate era la mejor solución para cuidar sus intereses deportivos y económicos. Así, el once quiteño regresaba a la Copa Libertadores, después de largos 40 años y el Ídolo obtenía el ansiado pasaporte a la final. ‘Jugar de mentira’ es una modalidad que ‘adorna’ los tiempos del fútbol desde siempre. En los Mundiales, en las Eliminatorias y lógico, también en los torneos nacionales.

Qué Emelec obtenga su pasaporte a la final, era imposible. Independientemente del margen de cinco goles que le separaba del ‘once amarillo’, el equipo de Ismael Rescalvo dependía de la caída de Barcelona, un tema que encerraba ínfimas posibilidades. En los planes de Católica no estaba ‘inmolarse públicamente’ para cuidar su honor deportivo. Más allá de los berrinches y juramentos del golero Hernán Galíndez, del técnico Santiago Escobar y de sus aliados más prominentes. La victoria universitaria abría determinado la pérdida de su cupo para jugar la Libertadores y está claro que nadie atenta en contra de sus intereses.

Lo criticable fue el pobre espectáculo que ofrecieron. Creo que a todos los que vimos el partido nos quedó la sensación de un ‘pacto de no agresión’. Estaba prohibido rondar las inmediaciones de los arcos rivales y peor aún, apuntar para meter la pelota en la red. Fue un fiasco. Jugaron en la mitad de la cancha. Nada de lucha. “Toma que te toca a ti. Dámela que la tenencia ahora me toca a mi”. Y así pasaron los ‘90 minutos y centavos’, configurando el partido más aburrido y falso del campeonato.   

Viendo ese tongo, “más tedioso que chupar un clavo”, vino a mi memoria el partido entre Alemania y Austria en el Mundial España 82, una de las citas ecuménicas del esférico que cubrí para el querido Diario El Comercio. Argelia le ganó a Alemania por 1 a 0, en Gijón, con gol de Lakdhar Belloumi, un mediocampista de inmensa calidad. Fue el ‘campanazo’ del grupo en el que se sumaban Austria y Chile, que tenía al ‘loco’ Carlos Caszely en el comando de la tropa.

Aquella derrota teutona hizo peligrar la clasificación y todos los boletos quedaron en el choque Austria ante Alemania para evitar la calificación argelina. La trama terminó con un empate en un partido que terminé mirándolo con rabia. Se pasaron de ‘lanzas’. Jugaron al 0 a 0, sin ruborizarse. Fue un espectáculo deplorable. Un engaño mayúsculo para eliminar a Argelia. Conste que Alemania llegó a la final. La Italia del inolvidable Paolo Rossi, que hace poco partió de este mundo lo doblegó en el choque decisivo. Fue justo y necesario.  

Me encantaría escuchar al técnico Santiago Escobar para que nos cuente, con la verdad en la mano, “a qué jugó su equipo”. Él que se llenó la boca, proclamando que se retiraría del fútbol, si sus jugadores no ponen todo en la cancha y buscan la victoria. Escobar sabe, que lamentablemente, ‘los intereses pesan más que los principios’. Es una de las taras que acompañan al balompié profesional. La filosofía del DT paisa, quedó en palabras que se las llevó el viento. Se apresuró a ‘curarse en salud’. Nos vendió una imagen que era difícil de sostener. Seamos claros: ningún adiestrador impulsaría a sus jugadores a fabricar una victoria que los deje afuera de la Libertadores. Lo entiendo perfectamente. Lo malo estuvo en derramar agua bendita a borbotones, en el lugar en el que se pasean los demonios de la tentación.

No podría decir que hilos se tejieron en la ‘mesa chica’. Aquella en la que se sientan los personajes poderosos del fútbol, que viven cobijados por el misterio. Lo único cierto es que Barcelona se apropió del boleto para acceder a la final y jugará por el cetro 2020 ante Liga de Quito, que se desinfló en la Segunda Etapa del torneo. El país futbolero ya comienza a palpitarlas. Católica y Barcelona nos demostraron que el cupo a la Libertadores y a la final, no se tocan. Jugaron a ‘la cuca’.