MEMORIAS DE FÚTBOL: EL BIDÓN, JAIRZINHO Y ‘EL APACHE’

MEMORIAS DE FÚTBOL: EL BIDÓN, JAIRZINHO Y ‘EL APACHE’

POR RAÚL CRUZ MOLINA

(Quito, marzo 9).- Argentina eliminó a Brasil en los Octavos de final del Mundial de Italia 90 con un gol de Claudio Paúl Caniggia a 10 minutos del final. Aunque han pasado ya 31 años de aquel partido, Branco sigue acusando al DT argentino, Carlos Salvador Bilardo de haberles ofrecido a los brasileños ‘agua envenenada con somníferos’, durante el partido.

“Bebí y me sentí atontado. Después de un tiempo encontré a Bilardo en Guatemala y le dije: “¿qué me quisiste hacer?”. Y él me contestó: “Branco en el fútbol todo vale. Lo asumí con gracia, porque le respeto mucho como técnico, pero creo que las reglas tienen un límite”, recuerda el brillante lateral izquierdo de la ‘Canarinha’.

Al parecer, en un momento en el que el partido estaba detenido por una falta a Maradona, Carlos Bilardo y el masajista argentino Miguel Di Lorenzo, ‘Galíndez’, ofrecieron a los jugadores brasileños un bidón con agua, al que habían agregado una sustancia que producía somnolencia.

Branco confesó que el propio Di Lorenzo y el ex defensa argentino Óscar Alfredo Ruggeri, reconocieron lo ocurrido durante un viaje en el que coincidieron. Eso no influyó en el resultado. Argentina ganó por una jugada genial de Diego Armando Maradona y una excelsa definición del ‘Pájaro’. “Si hubiese tenido que hacer el control antidopaje, podría haber recibido una durísima sanción sin posibilidad alguna de defensa», apuntó Branco.

Maradona también confirmó la historia de los somníferos en una entrevista en la radio: «Alguien había echado un Rophynol a un bidón de agua. Estaban todos y venían a tomar agua los ingenuos brasileños. Yo les decía tomá, tomá Valdito y Branco se la tomó toda. Después lanzaba los tiros libres y se caía”.

A las pocas horas, el ahora desaparecido presidente de la AFA, Julio Humberto Grandona, desmentía las palabras de Diego Armando Maradona y aseguraba que el Pelusa «no estaba en su sano juicio» y que todo se debía a una broma. Don Julio le ponía ‘paños tibios’ a todo.

Aquella mañosa maniobra guiada por Carlos Salvador Bilardo fue real. El ‘Narigón’ era un ‘pirata’. Se las sabía todas. Había desarrollado el manual de triquiñuelas en el endemoniado Estudiantes de La Plata de finales de los años 60, que fue el primer Tricampeón de la Copa Libertadores. Y Bilardo nunca pudo esconder su convivencia con las argucias. Dejó una anécdota para todos los tiempos. Era el ‘caballero del bien y del mal’.

Branco me ratificó esa historia, en una sabrosa charla que mantuvimos en el lobby del ‘Hotel Riu’ de Cancún, una tarde apacible del 2005, previa a un partido de exhibición que realizó una famosa ‘troupé’ de jugadores brasileños, ya retirados de la actividad. Romario era el comandante. ‘El Chapulín’ dejaba ver sus aires de inalcanzable. De ‘intocable vedette’. No pronunciaba una sola palabra. Es parco y poco amable. Está lejos del candor y amabilidad que mostraban otros ‘genios’ brasileños de la pelota.

Se me vino a la mente, la vez que encontré a Jair Ventura Filho, Jairzinho, en el ‘Hotel Emperador’ de Cochabamba, un ‘cuatro estrellas’, agradable y confortable, que era su lugar de vivienda, cumpliendo el contrato que lo ligaba al Wilstermann, y en mi caso, mi aposento transitorio para la cobertura periodística de la Libertadores 81, acompañando a Barcelona y a Técnico Universitario, que dirigía el inmortal Alberto Spencer.

Jairzinho es un ‘libro abierto’. Fue una delicia recordar a ese ‘Scratch’, que ‘ganó de calle’, el Mundial México 70. Varias tardes, nos sentamos en la cafetería para armar un reportaje que apareció en las páginas de mi querido Diario El Comercio. También fueron inolvidables, las noches largas y algunas copiosas, en el mismo ‘Hotel Emperador’, compartiendo con ese ser generoso y sencillo, que fue ‘Cabeza Mágica’. Lo pueden certificar, mis respetados colegas Fabián Gallardo Moscoso y Roberto Omar Machado, que fueron representando a la añorada ‘Nueva Emisora Central’.

CAPTURARON AL ‘APACHE’

También, en aquella cobertura, y apelando al ‘olfato periodístico’ que Dios me regaló, ‘monté guardia’ en el lobby, una noche misteriosa en la que aguardaban los ‘dirigentes toreros’, con cara de asustados y con el misterio a flor de piel. Eran en Bolivia, los tiempos de la dictadura del general García Meza. Había ‘toque de queda’. El ser humano que caminaba por las calles, después de las 11 de la noche, podía terminar sin problemas en el cementerio. Los militares recorrían las calles y no se tentaban el corazón para apretar el gatillo de sus ametralladoras.

¿A quién esperaban los dirigentes de Barcelona, presididos por Pepe Tamariz? Cerca de las 11 de la noche, habían comprobado que tres jugadores habían huido de la concentración, pese a las restricciones, arriesgando su integridad. La larga espera terminó a las 3 de la mañana, en medio de la insistencia de los ‘directivos canarios’, que me sugerían que vaya a descansar. Mientras más me pedían, más me aferraba en el mullido sofá del lobby del ‘Emperador’.

30 minutos más tarde, confesaron que un trío de jugadores había ganado la calle y decidieron apagar todas las luces. Cerca de las 4 de la mañana, entre las sombras, en plena oscuridad y con los zapatos en las manos, se abrió la puerta y aparecieron las siluetas de Carlos Gardel, un zaguero lento que ni defendía ni cantaba; Escurinho, un ‘tanque’ que jugaba de centro delantero y marcaba a ‘cuenta gotas’ y Alcides de Oliveira, el famoso ‘Apache’. El sí era una figura. Tenía gran técnica y una ‘bazuca infernal’ para pulverizar a los arqueros.

Cuando iban camino del ascensor, las luces se encendieron. El susto de los ‘players’ fue macabro. A uno de ellos se le cayó los zapatos. A los tres, se les cayó el alma. Fue un despropósito disciplinario que tuvo serias consecuencias. Se pasaron de audaces. Es una historia que pasó guardada muchos años en el ‘baúl de los recuerdos’. Tenía que contarla.