Por Raúl Cruz Molina

(Quito, febrero 22).- Uruguay ya había derrotado a Argentina en Amsterdam y los jugadores de los dos equipos se reencontraron en París, antes de retornar a Sudamérica, a pedido de Carlos Gardel. El ‘Mudo’ (no se sabe si francés, uruguayo o argentino, pero con el corazón anclado en las dos riberas rioplatenses) quería reconciliar a los futbolistas, después de los dos durísimos choques en la final de los Juegos Olímpicos, por lo que invitó a las delegaciones a disfrutar de su espectáculo en un cabaret de la ‘Ciudad Luz’.

Los jugadores fueron sentados en una larga mesa, intercalados: ‘un uruguayo, un argentino’. Avanzada la velada, el intento de confraternizar de Gardel comenzó a naufragar, merced a las facturas que unos y otros comenzaron a pasarse por circunstancias del juego.

Los más vehementes resultaron el ‘wing albiceleste’ Raimundo Orsi y el zaguero ‘oriental’ José Leandro Andrade. En el partido, el uruguayo había pateado con rudeza una rodilla de Orsi y el delantero se la había devuelto con un fiero pisotón al tobillo.

Para tratar de tranquilizar las cosas, el sagaz cantante invitó al extremo argentino -que además de futbolista era un virtuoso violinista que había integrado la orquesta de Francisco Canaro- a subir al escenario y sumarse a su conjunto. Orsi solicitó un violín prestado y se acopló diestramente en la interpretación de un tango.

Pero mientras sonaba la música, las fieras, en lugar de amansarse, iniciaron un terrible altercado, “todos contra todos”. Andrade, quien seguía con la ‘sangre en el ojo’, aprovechó el desconcierto general para lanzarse sobre Orsi, más el argentino, rápido de reflejos, lo sorprendió y le partió el violín en la cabeza.

Antes de que la gresca se disipara, el delantero escapó del boliche y esa misma noche huyó de París. No por temor a la represalia de Andrade, sino a la del dueño del instrumento, un valiosísimo Stradivarius. “Si el tipo me encontraba -se justificó Orsi varios años más tarde-, tenía que quedarme para siempre trabajando en París para pagarle su violín”.