POR RAÚL CRUZ MOLINA

(Quito, abril 29).- Hace 31 años, no había teléfonos celulares ni redes sociales. El 22 de abril de 1990, horas antes de subirse al avión que conduciría a la Selección Argentina a tierra italiana, Sergio Goycochea había encomendado a su padre que grabara en VHS, cada vez que las cámaras que transmitirían el Mundial de Italia, enfocara el banco de suplentes y también cuando exhibieran el videograph, la plaqueta que contiene la alineación titular y la nómina de suplentes en la que iba a convertirse en ‘habitante fijo’.

El arquero, en esa época, cuidaba el pórtico de Millonarios de Bogotá, cuyo propietario y ‘benévolo financista’ era Gonzalo Rodríguez Gacha, ‘El Mexicano’, uno de los brazos sanguinarios del Cartel de Medellín que lideraba el temible Pablo Escobar Gaviria. Goicoechea, lejos estaba de imaginar, que en ese verano italiano le esperaba la hora de la consagración definitiva. Era el tercer portero en la nómina convocada por el ‘Narigón’ Bilardo. La renuncia de Luis Alberto Islas y la lesión inesperada de Nery Alberto Pumpido, colocaron al ‘Vasco’ en el paredón. Ni en el más fantasioso de los sueños, ‘Goyco’ se veía como figura estelar de esa película.

El buzo de ‘tiras verdes y diseño multicolor’ que lució en Turín, la tarde del espléndido triunfo ante Brasil, aquella del golazo del ‘Pájaro’ Claudio Paul Caniggia, eludiendo a Taffarell, tras recibir un ‘pase celestial’ de Diego Armando Maradona, fue el mismo buzo que vistió en Florencia contra Yugoslavia, cuando empezó a ‘vestirse de héroe’ y en la ‘noche mágica’ de los penales frente a Italia, en Nápoles, que era la casa de Maradona. Ese buzo místico quiso comprarla una empresa de subastas en 50 mil dólares, pero que Goyco no lo vendió, porque esa es la prenda sagrada que revive su historia en un Mundial en el que su papel en el arco argentino llevó a la Albiceleste al subcampeonato del mundo.

Argentina se plantó en la final del Mundial 90, gracias a las tandas de penaltis con las que eliminó a Yugoslavia e Italia y a un portero milagroso que parecía imbatible desde los once metros. Sergio Javier Goycochea, que pasó a ser titular después de la gravísima lesión del portero titular Nery Alberto Pumpido, se convirtió en el héroe de la Albiceleste, que comandó Carlos Salvador Bilardo. Del banco al estrellato. De un solo salto.

En Cuartos de Final, Argentina y Yugoslavia se lo jugaron todo en los penaltis tras acabar la prórroga con empate a cero. Diego Armando Maradona falló el tercer lanzamiento, pero Sergio Javier Goycochea, mientras iba hacia a la portería se cruzó con el ‘Pelusa’ y le gritó: “Quédate tranquilo, monstruo, que atajo los dos”. Así fue. Goycochea detuvo los penaltis de Brnovic y Hadzibegic.

En Semifinales se volvió a repetir la historia. Goycochea fue un muro en la tanda de penaltis. El portero argentino paró los lanzamientos de Donadoni y Serena y clasificó a la ‘Celeste y Blanca’ para la gran final. Eliminó a Italia, la gran favorita y más si jugaba en condición de local.

El curioso ritual

Cuentan que el ‘Vasco’ Goycochea realizaba un curioso ritual antes de cada tanda de penaltis. El portero gaucho, hacía que sus compañeros le rodearan por completo para agacharse y orinar en el centro del rectángulo. El ritual fisiológico arrancó el 30 de junio en Florencia. Fue el bautizo de una ‘cábala antihigiénica’ que le terminó acompañando toda su carrera.

Original y tocado por la vara de la fortuna, jugó un Mundial sensacional. El alemán Mathias Brehme lo doblegó desde los 12 pasos en la finalísima. Si lo atajaba, hoy todos lo recordaríamos, como un ‘monstruo del arco’.