POR RAÚL CRUZ MOLINA

(Quito, marzo 1).- El campeonato nacional de 1963 fue para Barcelona que conquistó el segundo título incorporando a un cuarteto brasileño que dejó un inmenso recuerdo en la hinchada ‘canaria’. Por primera vez en la historia del certamen se sumaron dos equipos manabitas: Estibadores Navales y River Plate, campeón y subcampeón y retornó Macará de Ambato, como campeón de Tungurahua.

La contienda ya tenía más espíritu nacional. Aucas, Liga, D. Quito y Politécnico representaron a Pichincha. Patria, Emelec, 9 de Octubre y Barcelona lo hicieron por Guayas, que siguió firme en el dominio del campeonato. Once clubes tomaron posición en la línea de largada y fueron divididos en dos grupos. Barcelona y Politécnico clasificaron al cuadrangular final en el Grupo A; Emelec y Deportivo Quito lo hicieron en el Grupo B.

Barcelona se subió por segunda ocasión en la cresta de la ola, al empatar en el último choque 0 a 0 ante Emelec, que en cambio requería triunfar en el ‘clásico’ para ganar el campeonato. Fue la primera vez que se enfrentaban ‘azules’ y ‘amarillos’ en el marco de los campeonatos nacionales. Así quedaron registrados los dos primeros ‘Clásicos del Astillero’. Emelec ganó el primer juego y el segundo terminó igualado. Arrancaba la historia del partido más importante del fútbol ecuatoriano. Un choque que sigue paralizando al país futbolero, que levanta la euforia en todos los rincones.

Barcelona ya se perfilaba como el ‘equipo del pueblo’, mostrando la garra de sus valores emblemáticos como Luciano Macías y ‘El Ministro’ Vicente Lecaro, que junto al ‘Rey’ Alfonso Quijano y Miguel ‘Cortijo’ Bustamante conformaban una ‘zaga de acero’. El brasileño Francisco De Souza Ferreira, ‘Gradym’ fue el responsable técnico.

Helinho llegó para cuidar el pórtico. Le decían ‘Pez Volador’ y en realidad volaba de ‘palo a palo’. Era un hombre de elástico. Fue un mimado de la ‘hinchada amarilla’, un espectáculo aparte. Inclusive fue llamado de urgencia para integrar la selección nacional que jugó las Eliminatorias para el Mundial Inglaterra 66.

Mario Zambrano y Reeves Patterson, acompañaban el juego versátil de Clímaco Cañarte. Se consolidó Washington ‘Chanfle’ Muñoz en la punta derecha. El brasileño Helio Cruz y el piloto manabita Ricardo Reyes Cassis formaban la mancuerna titular de ataque, en la que también alternaba, Félix ‘Pereque’ Lasso, un mozalbete atrevido y goleador que se haría famoso por su temperamento ganador y su olfato en la ‘zona caliente’ de la cancha.

Y en la zona izquierda jugaba un puntero endemoniado, Walter Mendes do Carvalho. Le decían ‘Tiriza’ y era un verdadero espectáculo. Driblaba, se sentaba en la pelota, tiraba centros peligrosos desde la línea final y también hacía goles. Y, por si fuera poco, Barcelona también tenía en sus filas a Glubis Ochipinti, el primer jugador paraguayo en vestir la ‘amarilla’ y a otro brasileño que conocía la red, Iris de Jesús López, que se había proclamado goleador en el torneo de 1962. Un Estadio Modelo repleto con 60 mil espectadores en las gradas saludó la victoria y el cetro.

Emelec que seguía bajo la conducción técnica del argentino Fernando Paternoster fue relegado al segundo lugar y al subcampeonato, pese a que sumó jugadores extranjeros importantes que potenciaron su tarea colectiva. Apareció en las canchas ecuatorianas, el ‘cancerbero’ paraguayo Ramón Mageregger, que había integrado la selección ‘guaraní’ que jugó el Mundial de Suecia 1958. Le decían ‘Candado’. Era un gran portero.

Y también se sumó, Henri ‘Cachito’ Magri, un volante argentino de fina estampa y grandes cualidades, que permanecería varios años en el club ‘Millonario’. La buena noticia para el ‘Ballet Azul’ fue la coronación tan esperada de Carlos Alberto Raffo, como goleador del campeonato. ‘El Flaco’ que se quedó para siempre en estas tierras, había llegado al Ecuador 10 años antes para enrolarse en las filas del Argentina, pero al año siguiente voló en secreto a Guayaquil para convertirse en jugador ‘eléctrico’.

Deportivo Quito, que ocupó el tercer casillero se decidió en aquel 1963 por la línea uruguaya. Trajo a José Romanelly, un petiso bravucón y buen jugador que actuaba como marcador derecho, que mantuvo duelos sensacionales con el ‘Diablo’ Tiriza de Barcelona y Armando ‘Tito’ Larrea de LDU. Y esa tropa ‘charrúa’ también integraron Rubén Baldi, un número ‘9’ movedizo, potente y certero y Tabaré Suárez, un moreno cimbreante de buen manejo, que transitaba por la ‘línea de fuego’, acompañando las maniobras de los delanteros.

A ellos se sumaban el golero argentino Manuel ‘Abuelito’ Arias, que era querido por la hinchada y varios jugadores nacionales de valía, como César ‘Pavo’ Muñoz, Gonzalo Góngora, Bolívar Vivero, Ernesto Guerra y Stalin ‘Pajarito’ Charpantier. Una tropa de ‘bandidos’, en el buen sentido del calificativo. Tenían calle y conocían la ‘letra colorada’ del fútbol.