POR RAÚL CRUZ MOLINA

(Quito, febrero 23).- El mito brasileño se generó en 1958, con un equipo deslumbrante que incluía a Djalma y Nilton Santos, al goleador Vavá, al elegante, Waldir Pereira, Didí y al astuto Mario ‘Lobo’ Zagalo. Con ellos, Brasil ganó su primera Copa del Mundo, pero con Pelé y Garrincha conquistaron un trofeo mayor: el asombro de los aficionados europeos.

Pelé tenía 17 años cuando debutó en el Mundial de Suecia. Garrincha era un ‘mago de piernas torcidas’, apenas conocido. En aquellos días, no había televisión, ni reactores, ni Internet. Más que nada, el fútbol era un ‘boca a boca’ que corría por todos los rincones del planeta.

Tiempos de imaginación y leyenda. En Suecia, ‘O Rei’ Pelé y ‘Mané’ Garrincha construyeron el edificio que ha sostenido el mito brasileño: fantasía, ingenio, belleza, placer y victorias.

Doce años después, Brasil llegó a México con la herida de su temprana eliminación en el Mundial de Inglaterra. En los meses previos a la Copa de 1970, abundaron las disputas y los conflictos. El polémico periodista y DT, Joao Saldanha perdió el puesto por discutir la titularidad de Pelé y negarse a aceptar las imposiciones de los políticos.

Brasil 70 era una incógnita. Nadie estaba seguro de aquel equipo. Nadie sabía que se estaba generando el mejor equipo de la historia. Los aficionados, los viejos y los jóvenes, saben que aquella selección es el ‘metro patrón’ que mide a todos los demás grandes equipos. No sólo engrandeció el mito creado en el Mundial de Suecia, sino que adelantó los principios del ‘fútbol total’. El Ajax y Holanda elaboraron un método que ya estaba en la naturaleza del equipo de Pelé, Gerson, Tostao, Jairzinho, Rivelino, Clodoaldo y Carlos Alberto.

El cuarto gol brasileño en la final del 70 frente a Italia, define el ‘juego total’. Comenzó con Tostao, el sutil delantero centro, como último hombre del equipo. Varios pases después, muchos jugadores por medio y 70 metros por delante, Carlos Alberto, capitán y lateral derecho, coronó una jugada que contenía la esencia del fútbol: “la mayor calidad individual para el máximo sentido colectivo”.

Frente a Checoslovaquia, Pelé casi sorprende a Víktor con un globo lanzado desde el medio campo. Contra Inglaterra, Gordon Banks hizo la parada del siglo en un ‘cabezazo picado’ de Pelé. El engaño de Pelé a Mazurkiewicz, el gran portero uruguayo, figura entre los ‘mano a mano’ más célebres del fútbol. Hizo el ‘8’ o ‘la trenza’, dejando pasar el balón frente a la salida del portero uruguayo para recogerla a sus espaldas y disparar de zurda. La bola caprichosa no entró por ‘un pelo’. Las dos acciones de Edson Arantes Do Nascimento ante Víktor y Mazurkiewicz se asumen como goles.

Que no lo fueran, importa menos que la impresión que causaron las jugadas. Brasil ganó el Mundial, su tercera Copa en 12 años, y conquistó la admiración general. Ya no se trataba del ‘boca a boca’. La magia existía. Lo había visto y disfrutado a rabiar todo el planeta. Los ‘magos de la pelota’ tenían marca registrada. Ya era el ‘Scratch’. Ese símbolo de calidad excelsa y fútbol convertido en show. Fútbol en estado puro.