Escándalo en Avellaneda y empate en Sao Paulo en la Copa del 72

 Por Raúl Cruz Molina

(Quito, febrero 18).- Otto Vieira volvía a demostrar que su fama de técnico ganador era bien ganada y siguió al frente del plantel amarillo en la preciada Copa Libertadores, que había dejado un aroma de éxito la temporada anterior. Los representantes ecuatorianos fueron encasillados en el Grupo 2, junto a los bolivianos Oriente Petrolero y Chaco Petrolero.

‘Mandrake’ siguió reforzando sus líneas. Llegaron el golero uruguayo Rubén Montoya, al que le decían ‘Tarzán’; arribó el brasileño Pepe Paes, que habría de convertirse en un símbolo del club ‘canario’ y en la ofensiva fue incorporado el paraguayo Celino Mora, que era un gran jugador y ya había probado su capacidad en el torneo ecuatoriano de 1971, vistiendo la camiseta de Universidad Católica.

Barcelona barrió en su grupo sin ninguna complicación y alcanzó el cupo a Semifinales por segunda vez en condición de invicto. Ganó tres partidos y los otros tres empató. América de Quito, que terminó segundo en el grupo se quedó en medio camino.

Fue una Libertadores brillante para Washington Muñoz, que seguía campante lanzando sus chanfles mortíferos. Marcó tres goles de los ocho que convirtió Barcelona en la fase inicial. Los restantes fueron conseguidos por Pedro ‘Perico’ León (2), Celino Mora, Alberto Spencer y Jorge ‘Pibe’ Bolaños. Luchó con dos titanes. Dos ‘pesos pesados’ del fútbol sudamericano lo esperaban en Semifinales.

El linajudo Independiente de Avellaneda, que en esa Copa Libertadores del 72 abriría el ciclo más brillante de su vida institucional, llenándose de títulos hasta convertirse en el equipo más ganador del mundo y Sao Paulo de Brasil en el que brillaban el zaguero uruguayo Pablo Forlán y un crack de grandes dimensiones, su compatriota Pedro Virgilio Rocha, al que llamaban ‘El Verdugo’ por la potencia y precisión de sus remates. Dinamitaba a los arqueros.

Barcelona abrió las Semifinales jugando de local ante Independiente de Avellaneda que tenía un equipo con espectaculares figuras. Los tiros libres del ‘Pato’ José Omar Pastoriza, un caudillo de notables facultades técnicas era el arma demoledora que habían mostrado los ‘Rojos’ en la Primera Fase.

Era una máquina arrolladora, aquella formación que dirigía Pedro Dellacha, al que le decían ‘Pedro del Area’ por su magistral carrera como zaguero central desenvuelta en el mismo equipo de Avellaneda. Miguel Ángel Santoro, uno de los más brillantes arqueros argentinos de todos los tiempos cuidaba la valla de ‘Los Diablos’.

Ricardo Elbio Pavoni, ‘El Chivo’, un magistral lateral uruguayo que realizaba cierres magistrales, salvaba ‘goles cantados sobre la línea de gol’ y era infalible en el lanzamiento de los tiros penales, era junto al ‘Zurdo’ Miguel Ángel López y Pancho Sá, los baluartes de una defensa que era un auténtico fortín. ‘Perico’ Raimondo y el ‘Polaco’ Semenewickz eran los ‘laderos y obreros’ que recuperaban la pelota para que los toques finos y la sapiencia del ‘Pato’ Omar Pastoriza, le diera destino a los envíos que esperaban en los últimos metros, Agustín ‘Mencho’ Balbuena, Eduardo Maglioni y Manuel Magán.

Ya se habían marchado Rubén ‘Hacha brava’ Navarro, un ‘suicida de pantalones cortos’ que representó como pocos, el símbolo de amor a la camiseta de Independiente. Jugaba fuerte y al filo del reglamento. Tenía temerarias intervenciones que asustaban. Ya no estaba tampoco Raúl Emilio Bernao, un puntero genial, uno de los ‘locos de la banda derecha’, que engrosaron entre otros nombres célebres, Orestes Omar Corbatta y el ‘Huesito’ Rene Orlando Houseman. Bernao parecía carecer de cintura y tener las piernas duras, sin embargo, poseía una habilidad que enloquecía a sus marcadores y transportaba electricidad y fantasía a las tribunas.

 

Noches de desencanto

El 6 de abril de 1972, con un Estadio Modelo a reventar, Barcelona recibía a ‘Los Rojos’ registrando el debut de sus flamantes incorporaciones. El ‘Tarzán’ Montoya se paró en el arco. Pepe Paes se acomodó en el medio campo para asistir la construcción del juego de Jorge ‘Pibe’ Bolaños y ‘Perico’ León, mientras en la vanguardia, Celino Mora ocupaba la franja izquierda, abriendo la cancha conjuntamente con Washington Muñoz sobre la raya derecha para propiciar los ingresos fulminantes de Nelson Matilde Miranda, Nelsinho, un diminuto delantero que parecía un ‘muñeco eléctrico’ y los ingresos fantasmales de ‘Cabeza Mágica’ Spencer.

‘Chanfle’ Muñoz abrió el score a los 13 minutos provocando un ‘terremoto de euforia’ en las tribunas, que parecieron venirse al piso. Pancho Sá igualó a los 63 minutos, cuando Barcelona buscaba liquidar el partido, sin encontrar la vía exacta para vulnerar el pórtico de ‘Pepé’ Santoro.

El empate lo colocó en la cuerda floja. Seis días después, el 12 de abril recibió a Sao Paulo, otra vez con las gradas colmadas de público. Y fue otro empate. Esta vez sin goles. ‘Mandrake’ Vieira sentó en la banca de suplentes a Spencer y decidió colocar a Pedro ‘Perico’ León, como ‘segunda punta’, acompañando al ‘Jinete’ Nelsinho, que tenía la misión de meterse en la ‘boca del arco’, pero la seguridad del bloque defensivo paulista flanqueó el peligro.

Pandemónium en Avellaneda

La opción de clasificación a la final se había escapado, aunque la hinchada ‘amarilla’, no bajaba la guardia a la espera de un milagro, como el producido en La Plata ante Estudiantes el año anterior. El 18 de abril de 1972, lo esperaba Independiente abriendo la rueda de revanchas en el viejo y mítico estadio de la ‘Doble Visera’.

Otto Vieira decidió el ingreso de Jorge Phoyú y sentó a Rubén Montoya. Volvió a retrasar unos cuantos metros a ‘Perico’ León para que juegue como ‘enlace’ en colaboración con Jorge ‘Pibe’ Bolaños y dejó a Nelsinho y Alberto Spencer en la vanguardia, retirando de la formación abridora al paraguayo Celino Mora.

El partido fue bravo. ‘Los Rojos’ no encontraban el arco de Phoyú. Hasta que llegó el tanto de apertura de Manuel Magán a los 34 minutos, que se convirtió en la ‘piedra del escándalo’. La verdad, no recuerdo puntualmente el desarrollo de la jugada. Lo único cierto es que los jugadores ‘canarios’ protestaron la validez de ese gol y el árbitro uruguayo Ramón Barreto expulsó a Spencer y a ‘Perico’ León.

Barcelona se negó a proseguir el match, el referí decidió expulsar a los nueve jugadores del ídolo que seguían en la cancha y suspendió el cotejo. Dos días más tarde, el 20 de abril, la CONMEBOL confirmó como resultado final el 1 a 0, y solamente castigó las expulsiones de ‘Perico’ León y ‘Cabeza Mágica’ Spencer.

El último partido copero de Spencer

Para el partido de vuelta en Sao Paulo, Otto Vieira mantuvo a Phoyú en el arco. Regresó Celino Mora a la vanguardia y Miguel Ángel ‘Colorilla’ Coronel fue incorporado como titular para ‘volantear’ por la franja izquierda.

‘Mandrake’ tenía a la mano muchas piezas en ese plantel de lujo que armó Barcelona en aquella temporada. El resultado fue un empate 1 a 1, que salvó el honor en una serie muy cerrada que ganó Independiente que se proclamó finalista y campeón, conquistando la tercera de las siete estrellas que ha ganado en la Copa Libertadores.

‘Verdugo’ Rocha abrió el score en el Morumbí, a los 32 minutos. Celino Mora empató sobre el cierre de la fracción inicial, a los 44 minutos. Fue una campaña meritoria, tomando en consideración las grandes figuras y el potencial que exhibían Independiente y Sao Paulo.

Barcelona no ganó ningún partido en las Semifinales. Empató tres y perdió uno. Aquel frente a Independiente con final borrascoso. Ese fue el último partido que jugó Alberto Spencer en la Copa Libertadores, en la que brilló como nadie, convirtiéndose en su goleador histórico con 54 dianas. Un récord que el tiempo registra como una hazaña. ‘Cabeza Mágica’ puso la vara muy alta. Me juego a que nadie podrá igualar su marca. Ni ahora ni nunca. Su sello será eterno.