POR RAÚL CRUZ MOLINA

(Quito, julio 27).- Al notable equipo que ganó la Primera Copa Libertadores, Peñarol en su voracidad de gloria y trascendencia incorporó a tres grandes jugadores, que completaron su sólida estructura. Se trataba del uruguayo José Sasía, que regresó a sus pagos, después de jugar en Boca Juniors de Buenos Aires; del hábil y relampagueante alero peruano Juan José Joya, que provenía de River Plate y del monolítico zaguero paraguayo Juan Vicente Lezcano.

Peñarol dejó en el camino a Universitario de Deportes del Perú, al que despachó con un lapidario 5 a 0 en el Centenario, borrando la derrota que había sufrido en Lima ante los ‘Cremas’ 2 a 0. En segunda ronda, apareció Olimpia del Paraguay, reviviendo los enfrentamientos duros y ásperos de la final del año anterior, sólo que aquella vez, un clima insoportable de revancha y de violencia, rodeó al encuentro de vuelta en Asunción, que los uruguayos definieron con una victoria dramática e imponente, en medio de una lluvia de proyectiles, uno de los cuales hirió en la cabeza al presidente aurinegro, Gastón Guelfi, que abandonó las tribunas con una profunda herida en la frente y un manantial de sangre cayendo sobre su rostro y su vestimenta.

En Montevideo, en el de ida, Peñarol había ganado 3 a 1. Los paraguayos se sintieron perjudicados por las decisiones del árbitro argentino Nay Foino y montaron el operativo del desquite, que nunca fructificó. Con temperamento y garra, el once charrúa pasó la dura prueba. Salió a flote en su campo y en el del rival, obteniendo el pasaporte a la final.

En la finalísima esperaba Palmeiras. El famoso equipo de Sao Paulo tenía en sus filas a grandes figuras como Djalma Santos, el patrón del equipo; Chinezinho, un auténtico buscapié, inteligente y frágil y Julinho, notable wing derecho que había retornado a Brasil, luego de su gran campaña en la Fiorentina de Italia.

En el encuentro de ida, en el Centenario, cuando la angustia y la asfixia, apretaban a la tribuna y el reloj del partido estaba a punto de dictar el final, apareció Cubilla robando una pelota imposible, que Spencer, ese ‘buitre’ del área, transformó en gol y en victoria espectacular. El delirio cobijó la avenida 18 de Julio. La euforia se paseó apretando los corazones ‘mirasoles’.

El 11 de junio de 1961, la revancha era ansiosamente esperada por la gente del Palmeiras. La ínfima ventaja, era apenas un leve escollo, en el sentir de los fanáticos brasileños, que confiaban ciegamente en una goleada y en la vuelta olímpica. La realidad superó a los cálculos del sentimiento de la ‘torcida’, que vivía años de gloria por la sensacional conquista del ‘scratch’ que ganó el Mundial de Suecia 58.

Apenas corrían 4 minutos cuando estalló el escándalo. Un cañonazo de Pepe Sasía rompió la red decretando la apertura del marcador. Los paulistas que abarrotaban el Estadio de Pacaembú, desataron airadas protestas. Los jugadores amontonados en la cancha, forzaban un urgente cambio en la decisión arbitral. El juez no dudó. La pelota había ingresado en el arco con tal violencia, que perforó la red.

Después llegó la paridad, tras maniobra de Nardo. Palmeiras luchó con tenacidad, pero no pudo cambiar la historia. Fue un partido duro y violento. El pitazo final encontró a un once brasileño desgastado, mientras Peñarol sólido e incólume repetía la obtención de la Libertadores, en la tierra de los campeones del mundo. En medio de un clima infernal, en la cancha y en las gradas. Ya era bicampeón.

LA FIGURA: SPENCER Y EL VICIO DEL GOL

Su presencia en Uruguay fue deslumbrante desde el arranque. En su olfato de gol, Peñarol asentó sus grandes conquistas. Los aurinegros alcanzaron con sus goles las cumbres más altas. Adquirió notoriedad en el Everest de Guayaquil, el club que lo descubrió y en el Campeonato Sudamericano realizado en Guayaquil en 1959.

A los 14 goles que convirtió en el once ecuatoriano, sumó 4 en la selección de su país. Pasó a Peñarol en febrero de 1960. La urgencia de un ‘hombre-gol’ que tenía la entidad ‘Carbonera’, forzó a gestionar ante la Asociación de Fútbol Uruguaya, su debut en la final del torneo ante Nacional. Fue el héroe con la conquista de dos goles, bautizándose en el mejor escenario. Así partió con el pie derecho. Se convirtió desde el día que pisó el césped del Centenario por primera vez, en el delantero de los ‘goles importantes’.

Spencer siempre estuvo en la ‘boca del lobo’. En la ‘zona de candela’. Jugándose el físico en las duras refriegas frente a las recias defensas, que castigaban sin piedad a los arietes, en nombre del juego viril. Alberto jamás cuidó las piernas, las expuso con alma de amateur. Así lo entendió la tribuna, que lo ascendió a la categoría de ídolo.

EL GOLEADOR

 Osvaldo Panzutto de Santa Fe de Bogotá. Marcó 4 goles. ‘El Viejo’ le decían en Colombia, al artillero argentino que se proclamó cañonero de esa Copa. Se había iniciado en San Lorenzo de Almagro en 1948. Era, como se decía entonces, un entreala izquierdo hábil e inteligente. Y además capitaneaba al equipo bogotano.

PARTICIPACIÓN ECUATORIANA

  • Ecuador participó por primera vez en la Copa Libertadores de América en 1961. Barcelona en su condición de campeón fue integrado al Grupo 1 para enfrentar a Santa Fe de Colombia. En el partido de ida en el Estadio Nemesio Camacho, ‘El Campín’ de Bogotá, Santa Fe venció por 3 a 0, con dos goles de Osvaldo Panzutto y uno de Alberto Perazzo.
  • En el choque de vuelta, en el Estadio Modelo de Guayaquil empataron 2 a 2. El argentino Horacio ‘Tanque’ Romero marcó los dos goles ‘canarios’. Perazzo y Panzutto, los tantos colombianos. El ínfimo empate marcó la eliminación de Barcelona en la primera fase. El once torero fue penúltimo en la clasificación general. En esa edición participaron 9 equipos. Jugaban solamente los campeones de cada país. No intervino el monarca venezolano.

SÍNTESIS:
Campeón: Peñarol (Uruguay)
Subcampeón: Palmeiras ( Brasil)
Período de disputa: 2 de abril al 11 de junio de 1961
Equipos participantes: 9
Países representados: 9
Partidos jugados: 16
Goles anotados: 52
Promedio: 3,25
Cuidades de la final: Montevideo y Sao Paulo