Por Raúl Cruz Molina

(Quito, diciembre 9).- Murió Alejandro Sabella. Era una noticia que todos aguardaban con terror, después de la grave recaída que había sufrido su salud, precisamente el día que Diego Maradona se marchó de este mundo. Su vida fue la otra cara, de la que acompañó la existencia del ‘10’ de Villa Fiorito. ‘Pachorra’ fue un hombre recatado, pensante, prudente, educado, sabio y dueño de una paciencia que pocos humanos tenemos. Fue un caballero a tiempo completo. Un personaje de profundos sentimientos y conceptos claros. Un abanderado de la solidaridad y los consejos útiles.

Sabella llegó a River Plate, acompañado de un juego espectacular, una gambeta múltiple y endiablada, y una zurda prolija, que había afinado en el trabajo diario. Era diestro, la pierna derecha era su extremidad más hábil, pero en aquellos tiempos, todos los ‘10’ eran zurdos y él no podía saltarse esa condición que pedían por igual, los técnicos, el periodismo y los exigentes habitantes de la tribuna.

Su vida en el rectángulo, como jugador y afuera de ella, como director técnico, siempre estuvo a prueba de aguante y persistencia. Llegó a la Primera de River, en los días luminosos del ‘Beto’ Alonso, un ‘10’ genial que fue y sigue siendo uno de los jugadores más idolatrados por la ‘tribuna millonaria’. Norberto, pertenece a esa galería especial que adornan Bernabé Ferreira, Amadeo Raúl Carrizo, Ángel Amadeo Labruna y el uruguayo Enzo Francescoli, los próceres mayores del equipo de la ‘banda sangre’ que tendrán vida eterna en la memoria agradecida de los hinchas del club de Núñez.

Enrique Omar Sívori, ‘El Cabezón’, otra de las legendarias figuras del fútbol argentino, lo hizo debutar en 1974. Un año después, la llegada de Labruna a la dirección técnica marcó el fin de su estancia en River Plate. Lo relegó a la Reserva, colocándole en el freezer. Fue ahí cuando apareció la opción de marcharse al Sheffield de Inglaterra, donde desbordó la magia que desprendían sus botines. Estaba en el Leeds United, cuando Carlos Salvador Bilardo le propuso jugar en Estudiantes de La Plata. Fue la jugada maestra de su vida.

Corría el calendario de 1981. ‘Pachorra’ cayó como ‘anillo al dedo’, conformando un ‘triángulo espectacular’ con Mané Ponce y Marcelo Trobbiani. La rompieron y Estudiantes fue dos veces campeón. Fueron esas campañas, las que determinaron el arribo del ‘Narigón’ a la conducción técnica de la Albiceleste. ‘El doctor’ logró fulminar su sello de técnico amarrete y defensivo. Teniendo esos jugadores de lujo, con tres ‘10’ a la orden, los ‘Pincharratas’ se treparon al pináculo del fútbol argentino. Estudiantes fue un espectáculo y Sabella, el abanderado del fútbol atildado.

Cuando Alejandro se marchó del fútbol, el ‘bicho de la docencia’ ya se había incrustado en su cuerpo y en su alma de futbolero. Comenzó en segundo plano, como siempre. Lo hizo como asistente técnico de Daniel Alberto Passarella. Arrancó en 1990. Acompañó al ‘Kaiser’ en sus dos etapas como técnico de River, luego en el Mundial de Francia 98 con la Selección Argentina, en la Selección de Uruguay, Parma de Italia, Monterrey de México y Corinthians de Brasil.

En marzo de 2009, Bilardo propuso su nombre para dirigir a Estudiantes de La Plata. Era el debut de ‘Pachorra’, como DT titular. 19 años esperó pacientemente para sentarse en la butaca de técnico principal. Y fue campeón a la primera salida. Ganó la Libertadores, devolviendo a los ‘Pinchas’ al comando del fútbol sudamericano, después de 39 años de interminable ausencia. Esa misma temporada, alcanzó el Subcampeonato en el Mundial de Clubes, propinándole un susto mayúsculo al fenomenal Barcelona, que dirigía Pep Guardiola. Un año después ganó el Apertura argentino con Estudiantes de La Plata. El fracaso de la Albiceleste del ‘Checho’ Batista en la Copa América de 2011, lo depositó con sobra de merecimientos en el timón de la Selección Argentina.

Fue subcampeón en el Mundial de Brasil 2014. Devolvió al fútbol rioplatense a la vidriera, después de 24 años de insoportable espera. Tenía para seguir. El inefable Julio Humberto Grondona, presidente de la AFA en ese entonces, pretendió ratificarlo, pero ‘Pachorra’ dijo basta. Estaba con la salud desmejorada. Los demonios del cáncer ya habían aparecido en su cuerpo. Pero no fue la mortal enfermedad la que provocó su muerte. Un problema cardiovascular marcó su fin. Dicen los que lo conocieron de verdad, que fue un hombre de profundos principios y valores morales innegociables. Dicen también que fue un sabio del fútbol, que transmitió con absoluta generosidad, conceptos que quedarán grabados para siempre.

Su corazón dejó de latir a los 66 años. Demasiado temprano para decirle adiós. Dejó encendida la luz de una conducta sin manchas. Dejó ejemplos constructivos y frases sensacionales. Se ha ido el diestro que maravilló con la zurda. ‘Todos los ‘10’ son zurdos’, le dijo un día a la maravillosa Revista El Gráfico y él también consiguió serlo. Hasta siempre ‘Pachorra’. Grande de verdad. Un zurdo a la fuerza.